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Luis XV, llamado el Bien Amado, nacido el 15 de febrero de 1710 y muerto el 10 de mayo de 1774
Luis XV nació el 15 de febrero de 1710 en Versalles. Hijo de Luis, duque de Borgoña, y de María Adelaida de Saboya, nieto del Gran Delfín y bisnieto de Luis XIV, recibió a su nacimiento el título de duque de Anjou. De acuerdo con la costumbre, fue criado hasta los 7 años por una mujer, la institutriz de los Infantes de Francia, desde 1704 duquesa de Ventadour, asistida por Madame de La Lande, sub-institutriz.
El 14 de abril de 1711 perdió a su abuelo y, más tarde, en febrero de 1712, a sus dos padres. En marzo de ese mismo año los dos hijos de la difunta pareja contrajeron la misma enfermedad, un tipo de sarampión. Los médicos sangraron repetidas veces al primogénito, duque de Bretaña, quien murió el 8 de marzo. El duque de Anjou se salvó gracias a su institutriz, que lo apartó de los médicos y se negó rotundamente a que se le sangrara. A los 2 años, el duque de Anjou se convertía en el nuevo delfín.
En 1714 se le puso un maestro, el abate Perot. Fue él quien le enseño a leer y a escribir, así como los rudimentos de la historia y la geografía y, con certeza, unas enseñanzas religiosas impregnadas de sulpicismo. En 1715, al joven príncipe se le pusieron un profesor de baile y, después, un profesor de escritura. Detrás de todos estos nombramientos se encontraba Madame de Maintenon. Ella supervisó a la sombra la educación del príncipe.
En febrero de 1715 participó en su primera ceremonia, la recepción del embajador de Persia en Versalles. A los 5 años se le consideraba un niño guapo, dotado de una viva inteligencia y de buena memoria, alegre y bromista. Se sentía particularmente atraído por la historia y la geografía. Superviviente de una familia diezmada, encontró en Madame de Ventadour su única fuente de cariño, llamándola “Mamá Ventadour”, o incluso, simplemente “mamá”.
El 1 de septiembre de 1715 moría Luis XIV, no sin darle sus últimos consejos, especialmente contra la guerra, “la ruina de los pueblos”.
El 3 y el 4 de septiembre de 1715 Luis XV cumplió con sus primeros actos como rey, primero acudiendo a la misa de requiem celebrada en memoria del fallecido rey, en la capilla de Versalles, y, a continuación, recibiendo a la asamblea de clérigos venidos para celebrar su ascensión al trono. El día 12 continuó con una sesión del Parlamento (lit de justice), una de las ceremonias más solemnes de la monarquía; el 14, con las discursos del Gran Consejo, de la Universidad de París y de la Academia francesa; los días siguientes, con las recepciones de embajadores venidos para presentar sus condolencias, etc. A pesar de su corta edad, tuvo que adaptarse a la mecánica del gobierno y de la corte y cumplir con su papel representativo.
Continuó siendo educado por Madame de Ventadour, quien le dio como compañeros de juegos al hijo de un zapatero parisino y un joven iroqués. En 1717, al alcanzar la edad de la razón, abandonó sus lisères (especie de lazo utilizado para guiar a los niños de poca edad) y las manos de las mujeres. A partir de entonces, su educación fue confiada a un gobernador, el duque de Villeroy, y un preceptor, André Hercule de Fleury, obispo de Fréjus. Se le enseñó latín, matemáticas, cartografía, dibujo y los rudimentos de la astronomía, y también a cazar. La educación manual tampoco fue desatendida: en 1717 aprendió un poco de tipografía y en 1721 se inició en el trabajo de la madera. Desde 1719 tuvo profesores de música pero, al contrario que Luis XIV, nunca tuvo afinidad por la música y desafinaba al cantar.
Desde 1721 se pensó en casarle. Su tío Felipe V, rey de España, propuso a su hija, la infanta María Ana Victoria, de apenas 3 años de edad –el propio Luis XV no tenía más que 11. No obstante, el Regente aceptó, y el 9 de enero de 1722, los dos prometidos se encontraron en el río Bidasoa, como habían hecho Luis XIV y María Teresa de Austria en 1660. La que en adelante fue llamada la «Infanta Reina» se instaló en el castillo de Versalles. En agosto de 1722, Luis XV recibió la confirmación. Villeroy, que intentaba proteger al rey del Regente, fue despedido poco después y reemplazado por el duque de Charost. Fue este quien, a partir de entonces, se encargaría de enseñar al rey las nociones de finanzas y de estrategia militar.
El 5 de enero de 1757, Robert François Damiens entró en el palacio de Versalles, en medio de los miles de personas que intentaban conseguir una audiencia real. Hacia las 18 horas, el rey regresaba de visitar a su hija y se disponía a entrar en su carroza para regresar a Trianon, cuando Damiens franqueó la fila de guardias y lo golpeó con una navaja. Luis XV vestía unas gruesas ropas de invierno y la cuchilla solamente penetró un centímetro, entre la 4ª y la 5ª costillas. Sin embargo, se temió un posible envenenamiento. Damiens fue torturado varias veces, para saber si tenía cómplices, pero dio la impresión de que este hombre, sirviente de varios miembros del parlamento de París, era un desequilibrado que simplemente había escuchado demasiados comentarios contrarios al rey.
El final del reinado de Luis XV estuvo marcado por la llegada de Madame du Barry, su nueva favorita, presentada oficialmente a la corte en 1769. El ministro Choiseul mostró abiertamente su hostilidad hacia la amante del rey. El rey, convencido de la incapacidad de Choiseul para hacer frente a la oposición del parlamento, acabó por destituirle en 1770. Fue reemplazado por René Nicolas de Maupeou, ascendido a Guardián de los Sellos de Francia en 1768, quien se aplicó en restaurar la autoridad real. Al declararse los miembros del parlamento en huelga, Maupeou los hizo arrestar por los mosqueteros exigiéndoles que volvieran a sus puestos. Ante su negativa, fueron exiliados. Emprendió entonces una reforma estructural fundamental: la justicia, hasta entonces administrada por magistrados cuyos cargos eran hereditarios, se convirtió en una institución pública, con funcionarios pagados por el Estado.
El 26 de abril de 1774 aparecieron los primeros síntomas de la viruela, mientras Luis XV estaba en el “Petit Trianon”.
El parlamento de París envió el domingo 1 de mayo de 1774 a Nicolas Félix Vandive, consejero, notario y secretario de la Casa y Corona de Francia y secretario del Gran Consejo, para interesarse por la salud del rey, como nos cuenta en su famoso diario el librero parisino Siméon-Prosper Hardy: “siguiendo la costumbre ordinaria, la nueva corte del Parlamento no dejó de designar al citado Vandive, unos de los principales funcionarios de la secretaría de la Gran Cámara y de sus notarios secretarios, para ir a Versalles a conocer las noticias sobre la salud del Rey. Pero el secretario no pudo dar cuenta de su misión a la inamovible compañía hasta el martes siguiente, debido al habitual descanso del lunes 2 de mayo.”
Murió de las secuelas (septicemia agravada por complicaciones pulmonares) el 10 de mayo de 1774, a las 15:30 horas, en Versalles, entre la indiferencia del pueblo y la alegría de una parte de la corte. Dejó el trono a su nieto, el futuro Luis XVI.
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