Así pues, durante aquel 19 de julio de 1767, Jean Chastel mató a la Bestia. Y la verdadera, ciertamente, pues ya no hubo ninguna víctima más en la región.

Hoy, los documentos de esa época pueden ser recopilados y estudiados por los sabios. Los especialistas en historia rural pueden proponer hipótesis y suposiciones… Los novelistas pueden imaginar escenarios diversos. Se puede recurrir a los ordenadores y a la informática.
Desde la torre en la que la Bestia fue enterrada y que nadie puede encontrar, la leyenda despliega sus alas y emprende el vuelo.

Después, planea y planeará aún por mucho tiempo por los cielos del Gévaudan, sobre los bosques y las landas de la Margeride en las que pasó su vida; cubriendo por completo la región con sus anchas alas; alimentando sucesivamente a novelistas, historiadores, guionistas y cineastas, excursionistas y promotores de turismo ecológico.

Se puede cuestionar una hipótesis

Se puede negar una solución

No se puede matar una leyenda


Libro comprado en la oficina de turismo de Aumont-Aubrac.
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